...Y EN LAS CALLES PASÁBAMOS LAS HORAS.
Tordesillas, como villa noble de Castilla, tuvo muchas parroquias, que junto con la fe de los feligreses se fueron cayendo y desapareciendo.
En un determinado momento se reducían a dos parroquias: Santa María y San Pedro. Orientadas ambas con la cabecera al este (como Dios manda), el coro enfrente del altar, el acceso en el lateral y un espacio (cruce de calles sin pilares) que hacía la veces de atrio. Este espacio exterior pero muy vinculado a la iglesia (allí se estacionan los pasos de las procesiones, se aparca el coche de la funeraria y se desea con arroz la fertilidad a los recién casados) tiene una particularidad en cada iglesia.
San Pedro tiene calefacción (allí se dan las misas en invierno) y su acceso da a la cara norte, y Santa María tiene su acceso en la cara sur (misas de verano). Paradoja; al salir de San Pedro en invierno la calle en sombra estaba helada, al salir de Santa María en verano el sol se había encargado de calentar bien la piedra de la fachada y el suelo.
Pero nos quedaba la Plaza Mayor porticada con sus microclimas. Por el lado sur ni el elevado sol de verano domeñaba el umbráculo de sus portadas y al norte disponíamos de un resguardo donde un tímido sol de invierno (y el armario que nos ponía encima nuestra madre y que acababa en un montón en una esquina) nos permitía pasar allí las horas.




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